No digas nada

Senator Jeff Sessions, Republican from Alabama, at Supreme Court Justice Sonia Sotomayor's Senate hearings.

Los republicanos comienzan a afilar sus colmillos mientras los demócratas preparan la defensa a cualquier ataque: por segundo verano consecutivo, el Senado de Washington sube el telón para albergar las audiencias de confirmación de una nueva candidata a la Corte Suprema de Justicia.

De Sonia Sotomayor pasamos este año a Elena Kagan, actual abogada jefe de la Casa Blanca. Durante minuciosos interrogatorios, los miembros del Comité Judicial del Senado intentarán descubrir las ideas políticas que puedan guiar su juicio a la hora de interpretar la Constitución. Y la candidata al puesto hará todo lo posible por no salirse del guión y no decir nada.

Con sus preguntas los senadores no sólo examinarán el historial de Kagan, sino que también intentarán dar lustre a sus credenciales, conservadoras o liberales, ante los electores de noviembre que seguirán el espectáculo desde sus casas. El aborto, el patriotismo y el alcance del poder ejecutivo serán temas principales de la trama. Cuanto más enigmática sea ella, mayores posibilidades de ser confirmada sin mucho problema. Le espera un puesto vitalicio en una de las instituciones más poderosas del país.

Si bien en algunos casos los miembros de este tribunal han resultado ser ideológicamente contrarios a los presidentes que los nombraron (como en el caso del que ahora se jubila, John Paul Stevents, considerado hoy de izquierdas, pero elegido por el republicano Gerald Ford), la gran mayoría suele compartir las ideas políticas de su proponente.

Aún así, con sus sobrias togas negras, serios y distantes, los nueve miembros de este selecto club se esfuerzan en interpretar el papel de imparciales árbitros llamados a dilucidar los problemas más trascendentales de la nación siguiendo estrictamente la letra de la Constitución y el propósito de quienes la escribieron. Sus veredictos tienen en muchas ocasiones consecuencias dramáticas que marcan la evolución política del país tanto como cualquier decisión salida del poder ejecutivo. Sin embargo, se esmeran cada día en cultivar una imagen apolítica ficticia.

En definitiva, puro teatro.

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