Ironías de la vida

Prendo el televisor y creo ver una imagen de archivo, del pasado.

Pero no es así. Es viernes 26 de marzo de 2010, y ahí estás, a punto de tomar la palabra ante cientos de electores, mientras la multitud aclama a la mujer que tienes por delante y que se dispone a presentarte.

Sabes que la mayoría no ha venido a verte a ti. No han venido por tus décadas de trabajo en el Senado de Washington, ni por tus dos intentos de convertirte en presidente del país, ni por tu servicio a la patria como héroe de guerra, víctima de la tortura enemiga. Esta vez no eres tú el protagonista, John McCain. Al revés. Vienen a verla a ella.

No es que tú no tengas culpa. Caíste fagocitado por ese monstruo electoral que tú mismo creaste en el verano de 2008, una jugada sorpresa de último minuto con la que intentabas contrarrestar la fuerza del carismático oponente que al final te ganó la partida.

Y ahora ella, Sarah Palin, ex-gobernadora, liberada de sus responsabilidades ejecutivas, viene a lanzarte un chaleco salvavidas para que no te ahogues en la marea anti-sistema que promete arrasar no sólo con los demócratas, sino también con los republicanos de toda la vida como tú.

Recurres a uno de los peores errores de tu carrera -el de elegirla como compañera de fórmula y crear un fenómeno mediático sin sustancia política- para que te ayude en tu momento más complicado, cuando podrías perder la candidatura republicana al Senado por Arizona.

Desafortunadamente, la vida política se ha convertido en un “reality show” de mala calidad, donde una política de corta carrera y escasa preparación tiene más tirón que un consagrado senador como tú.

Ella, de frases simples, y a menudo sin sentido, se ha convertido en musa de un movimiento ultraconservador bañado en eslóganes simplistas y conceptos ideológicos distorsionados.

Y tú, que siempre te caracterizaste por tu independencia y espíritu bipartidista, por tu valiente disposición a enfrentar los problemas más complejos, terminas convertido en una caricatura más cuando el país te necesita como nunca.

McCain, no traiciones tus principios. Ya lo intentaste una vez. Y perdiste.

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