Reforma arrojadiza

(Columna publicada en el blog cuartopoder)

Este martes Barack Obama no sólo firmaba un documento histórico que tantos predecesores soñaron, pilar que siempre le faltó a esta sociedad tan envidiada; no sólo facilitaba el acceso a la sanidad a los más desfavorecidos de este país y terminaba con los abusos de una industria de seguros médicos que mangonea por los pasillos del Capitolio de Washington a golpe de talonario; con su rúbrica, el presidente americano ponía fin a una sangrienta batalla y daba comienzo a otra, la electoral, que este noviembre podría terminar con suficientes bajas demócratas como para dejarle en minoría en las dos cámaras del Congreso.

Ya tuvimos un aperitivo el domingo por la noche en la Cámara de Representantes. Antes de producirse la votación electrónica del documento que dos días después llegaría a la mesa presidencial, los republicanos habían solicitado, sin éxito, que el voto se realizara llamando por su nombre a los congresistas, uno a uno, para que en voz alta pronunciaran un sí o un no. Con esto pretendían recoger en video lo que luego utilizan en anuncios televisivos de campaña personalizados donde demonizan al contrario.

Los republicanos han perdido por el momento la complicada partida de ajedrez legislativa. Pero no se dan por vencidos y planean arrastrar el debate hasta noviembre. Ya están presentando en el Senado absurdas enmiendas al proyecto (entre ellas, que se niegue el acceso a la “viagra” a los convictos por delitos sexuales). Quieren poner en jaque a los demócratas y dejarlos en evidencia, ya que los de Obama están obligados a desestimar todos estos cambios, para no provocar, como dictaría el reglamento, una nueva votación en la Cámara de Representantes y volver a la casilla de salida.

Eso sí, la partida que se juega en la calle, aún está por decidir. Llevamos un año de trampas, mentiras y acusaciones absurdas de uno y otro lado, que han generado turbas de ideologías postizas de todo-a-cien adoradas por unos medios de comunicación que necesitan cualquier tipo de relleno para alimentar la bestia informativa de 24 ininterrumpidas horas de noticias.

Obama cuenta con la ventaja de que los detalles más populares de su ley entrarán en vigor inmediatamente, y los más espinosos, serán implementados de manera gradual, de aquí al 2014. Con esto espera recuperar sus ahora pobres índices de popularidad.

Sin embargo, los republicanos están poniendo toda la carne en el asador, aun se achicharren. Capitaneados por los pontífices desinformadores del canal de televisión Fox News, disputan la constitucionalidad de la nueva ley. Dicen que va contra el texto sagrado el obligar a los ciudadanos a adquirir una póliza de seguro médico. “La libertad murió un poquito hoy”, sentenció el domingo una congresista republicana (que, obviamente, cuenta con un generoso plan médico proporcionado por su empleador, el “diabólico” gobierno federal).

Histriónicos locutores llaman a la multitud a sublevarse y utilizan irresponsablmente el miedo para lograr índices de audiencia que engorden sus cuentas corrientes. Se convierten en la caja de resonancia de una narrativa peligrosa en la que Obama es un tirano de origen musulmán empeñado en destruir el alma de este país (quiere, dicen, convertirlo en una nación socialista a la europea). Y por si no fuera suficiente, él y sus aliados demócratas son una pandilla de asesinos de niños.

Y es que cuando uno se queda sin argumentos, siempre viene bien resucitar viejos debates maniqueos, como el del aborto. Éste no es sólo fácil de entender para un público de atención distraída y formación dudosa, sino que encima te puede proporcionar el apoyo de unas cuantas mitras. Mientras las monjas y los hospitales católicos daban el visto bueno a la nueva ley, los obispos católicos de Estados Unidos se alineaban con el partido republicano, oponiéndose a la reforma por discrepancias con la letra pequeña en este tema (ignoro cómo encuentra tiempo la jerarquía católica para meterse en estos jaleos teniendo la casa patas arriba con los escándalos de abuso sexual a menores que ya alcanzan a la jefatura vaticana).

La reforma de salud, dicen los demagogos, no sólo utilizará dinero de contribuyentes para pagar abortos; también ofrecerá asistencia sanitaria a (casi) todos, convirtiendo los Estados Unidos en una nación basada no en el mérito, sino en derechos fabricados por el gobierno federal.

Estos demagogos son los mismos que piden el regreso a las raíces cristianas, y que no me cabe la menor duda hubieran tachado a Jesús de Nazaret de malvado socialista. Simplemente porque aquel predicador y activista comunitario sanaba a los enfermos y, para colmo, lo hacía gratis.

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