La reforma que no llega

Recuerdo como una señora latina en Queens me dijo en otoño de 2008 que había que apoyar al entonces candidato presidencial Barack Obama porque “era hijo de un inmigrante”. Muchos como ella pensaban que con él en la Casa Blanca los indocumentados contarían con un aliado. No sé yo si ya cambiaron de opinión.

Aquellos que esperaban un gobierno más amable sólo tienen que mirar el informe 2009 del Departamento de Seguridad Nacional, donde la secretaria Janet Napolitano se enorgullece de haber superado la meta establecida en número de deportaciones en más de 40 mil. En el primer año de gobierno Obama, las autoridades expulsaron del país a 100 mil personas más que en 2008.

Además, si bien muchos esperaban que 2010 fuera el año de comienzo del debate migratorio, la única frase referida al tema que el presidente pronunció en su discurso sobre el Estado de la Nación en enero fue más de lo mismo: arreglar un sistema roto, fortalecer las fronteras, hacer cumplir la ley y aquellos que sigan las reglas, ayudarles a que puedan contribuir.

Tampoco es que se pueda hacer mucho en estos momentos. Los demócratas se han quemado con la reforma del sistema de salud, y no quieren repetir la experiencia con un tema tan polémico como el de regularizar a millones de trabajadores extranjeros. Menos aún cuando el país agoniza con un desempleo de casi un 10 por ciento. Los indocumentados van a tener que seguir esperando un clima económico, social y electoral más favorable.

Mientras tanto, el Censo 2010 es la mejor herramienta para todos. Me lo decía la semana pasada José Serrano. Permanecer invisible perjudicará económicamente a los lugares en los que vivimos. Según el veterano congresista hay personas que “prefieren quizá que haya menos inmigrantes en el país indocumentados, pero no son anti-inmigrantes. Si en esas comunidades se pierden fondos federales porque el hispano no se contó, entonces ya hay bronca, ya hay razón por la cual estar molesto con esta persona, porque no es solamente que estás en mi comunidad, ahora me costaste dinero a mí”.

Más que nunca se necesitan aliados. Comencemos con el vecino.

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